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Del tormento de la tortura
De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas, el próximo 26 de junio se celebra el Día internacional en apoyo a las víctimas de la tortura.
Esta práctica, lesiva de los derechos humanos en grado superlativo, se ha dado a lo largo de nuestra historia, desde que predominaba la “razón” del más fuerte.
Fue práctica común en las sociedades monárquicas absolutistas, siendo emblemáticos de esa sociedad un incontable catálogo de artefactos que se conservan o se han registrado y atestiguan las acciones degradantes utilizadas para someter las voluntades de las personas. Por ejemplo, “la pera” cuatro especies de cucharas metálicas, integradas a un mecanismo de manivela que las abría alejándolas unas de otras. Este artefacto era introducido en alguno de los orificios naturales de la persona, hombre o mujer y progresivamente abierto hasta obtener lo deseable del individuo o de plano causarle severos desgarres.
Ejemplos como el anterior podemos encontrarlos a lo largo de la historia del ser humano. Por eso debemos denunciar esta práctica que perdura hasta nuestros días y que tristemente no hemos sido capaces de erradicar. Hay vertientes diversas como la tortura psicológica, la sexual e incluso la vertiente de género, que es preciso identificar para combatir y eliminar.
Quienes están al frente de corporaciones de fuerza, policíacas fundamentalmente, deben insistir en que el exceso en las funciones de sus elementos es un riesgo latente y saber que el combate a la ilegalidad no puede hacerse a través de más ilegalidad.
Autoridad o corporación que hace de la tortura su modus operandi, se deslegitima frente a la sociedad. Por el contrario, se fortalece y legitima aquella que no pierde de vista que el indiciado, aun el de peor calaña, también tiene derechos; y se preocupa, la autoridad, por adoptar mecanismos de prevención y detección de la tortura, como el Protocolo de Estambul y proceder contra quienes violentan el marco legal que tipifica la tortura como delito.
En nombre de la supuesta soberanía del Estado se han cometido abusos y atropellos a la vida y dignidad de las personas, vía tortura. No hay que olvidar que el desarrollo cívico de nuestras sociedades hace que hoy exista un frente social que evita firmemente cualquier exceso y se cuente también con instituciones encargadas de velar y señalar tales abusos.
La tortura es una extralimitación del uso legítimo de la fuerza, acción que le es inherente a la autoridad pública. Sin embargo, es fácil advertir que la fuerza pública puede servir para el bien o para el mal de nosotros mismos. No se trata de un cheque en blanco para la autoridad, sino de un instrumento para proteger a la sociedad, hombres y mujeres, independientemente de su condición jurídica o legal.
Lic. Jorge Victoria Maldonado.
Presidente |